Una visión alternativade la «disidencia» cubana

Rémy Herrera i
Commune

Traducido para Rebelión por Carlos J. Gil Bellosta

El imperialismo estadounidense, mientras "libera" a todos aquellos a los que no ha exterminado en Irak y allana el camino para que sus multinacionales puedan comenzar el saqueo, se ha tomado la molestia de denunciar una "injusticia" en Cuba.

¿Se trata de la del rescurso explícito y sistemático a la tortura contra los detenidos sin juicio en la base militar ocupada por los EE.UU. en Guantánamo, un enclave totalmente al margen de la la ley? Nada que ver. ¿O de la incitación de Washington -absolutamente criminal- a emigrar ilegalmente de la isla, sin que importe si se pone en peligro la vida de terceros, como ha sucedido en los recientes secuestros (de un avión y de un ferry), negando la concesión de visados a los ciudadanos cubanos por un lado y ofreciendo la nacionalidad, por el otro, a los que acceden ilegalmente a su territorio? Tampoco. ¿Será entonces la condena por parte de un tribunal de Miami de varios patriotas cubanos (cadena perpetua para algunos) por atentar contra la seguridad nacional por indagar en Florida acerca de las actividades terroristas que urden los grupos paramilitares cubano-americanos contra Cuba? Este asunto ha mobilizado al pueblo cubano durante meses pero ¿quién ha oído siquiera hablar de él?

No, lo que se ha denunciado es la "ola de represión contra los disidentes" en Cuba, dirigida contra los "intelectuales" que presuntamente encarnan los valores de la democracia y defienden los Derechos Humanos y a los que se ha "expoliado", "arrojado a calabozos", etc.

Además, no ha sido únicamente la facción más reaccionaria del establishment estadounidense la que se ha volcado contra Cuba. En Francia, en la misma izquierda, hay quienes están convencidos de que atacando el "régimen castrista" se suman a una causa justa sin que les preocupe el informarse sobre lo que pasa realmente en la isla y no conozcan el asunto sino a través de los medios estadounidenses u otras fuentes de información unilateralmente hostiles y absolutamente carentes de credibilidad. Acomplejados y desorientados por una serie de erorres y fracasos, los mismos comunistas han acabado asumiendo el pensamiento único anticubano, una de las múltiples facetas ideológicas de la actual globalización neoliberal y belicista. Puesto que se trata, dicen, de un vestigio anacrónico del sovietismo, Cuba tiene que caer.

Camaradas, ¿no será que os equivocáis de batalla? El asunto de los derechos humanos es demasiado serio como para ser tratado a la ligera, en función de extrapolaciones o rumores. Con documentos fidedignos y testimonios, cuando menos, inquietantes -que los medios de comunicación apenas han mencionado-, las audiencias públicas a las que han procedido los tribunales del 3 al 7 de abril han revelado los vínculos entre aquellos a los que se presenta ?repitiendo al pie de la letra, tal vez, los comunicados de la Casa Blanca? como "presos de conciencia" y el gobierno estadounidense y, más particularmente, con el actual encargado de la Oficina de Intereses de los EE.UU. en La Habana, James Cason.

Las intenciones de este último son de sobra conocidas después de haber declarado en diciembre del 2002 que su propósito es el de hacer de la institución que dirige el estado mayor de la contrarrevolución en Cuba, violando de tal manera las reglas más elementales de la diplomacia. Así, ha apoyado financieramente (con, al menos, 22 millones de dólares) la organización de un programa de lucha, del que el proyecto Varela era una de las piezas clave, etc. El embajador Cason nunca ha ocultado su estrecha colaboración tanto con la muy reaccionaria Fundación Nacional Cubano- Americana, creada en 1981 por el difunto Mas Canosa con el apoyo de Reagan y cuyas actividades terroristas han sido probadas (atentados contra hoteles de la isla en 1997), como con diversas formaciones paramilitares responsables de numerosas tentativas de asesinato de dirigentes de la Revolución.

Los testimonios de los agentes de la Seguridad del Estado cubano, en nombre de los cuales Odilia Collazo Valdés, la presidenta del Partido de los Derechos del Hombre y Néstor Baguer, presidente de la Asociación de Periodistas Independientes , infiltrados en los "grupos disidentes" desde hace 13 y 11 años respectivamente, han revelado la dependencia financiera de los acusados respecto a la Oficina de Intereses de los EE.UU. en Cuba y el hecho de que trabajaban al servicio de esta potencia extranjera captando partidarios, encargando informes sobre "violaciones de los derechos humanos" con instrucciones muy precisas y cuya "documentación" corría a cargo de Cubanet Miami, etc. Y también el que desde la misma residencia oficial de Cason se impulsaba la labor de estos "think tanks", que sus miembros contaban con salvoconductos que les permitían el acceso al recinto de dicha Oficina a cualquier hora, etc.

El voluntario de base contaba con una paga cinco veces mayor que la de un médico o un profesor, aparte de los "regalos" debidos a la generosidad del National Endowment for Democracy... "Cuanto más crasa la noticia, mejor se paga. La mayor parte de estas personas cuentan con miles de dólares en cuentas bancarias extranjeras", declaró Néstor Baguer en la conferencia de prensa del 14 de abril que marcaba su reintegración oficial en la Unión de Periodistas de Cuba. "Yo los he visto presentar sus presuntos "artículos" ante la Oficina de Intereses antes de su reenvío a Miami. ¿Qué tipo de periodistas son estos que se hacen revisar lo que escriben por un país extranjero que agrede al suyo?". Las condenas más graves no fueron por "delitos de opinión", inexistentes en el código penal cubano, sino por "traición": los 75 "intelectuales"?de los que 14 son diplomados universitarios y sólo cuatro de entre ellos en periodismo o ciencias de la comunicación? han sido condenados a penas de entre 6 y 28 años de prisión.

Los verdaderos defensores de los derechos humanos son quienes comprenden que el pueblo y el gobierno cubano deben defenderse contra los grupos que, en el contexto de la situación sumamente difícil que se vive en la isla, le hacen el juego a la reacción estadounidense. Y más cuando se trata de sus mismos agentes a sueldo.

Son muchos los franceses que se han dado cuenta últimamente de lo que son capaces las autoridades estadounidenses para pasar por encima de cuanto se les resiste: campaña de calumnias antifrancesas, boicot de productos, control de los grupos de comunicación por parte de conglomerados financieros o el ejército, manipulación de los hechos y desprecio por la opinión pública, chantaje a estados soberanos en el Consejo de Seguridad,... Y conocen también la fuerza y la bravura que un pueblo adquiere al asumir esta lucha, así como el caudal de simpatía y respeto que ganan con ella. Por ello hay que considerar en sus verdaderos términos el efecto del bloqueo impuesto contra Cuba: se trata de una guerra no declarada de los EE.UU.

Dicho bloqueo -endurecido por la ley Helms-Burton, que viola el derecho internacional y el principio de soberanía nacional por la extraterritorialidad de sus sanciones- ha recibido la condena de una mayoría aplastante de los países miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Resolución 59/6). En noviembre del 2002, 173 países votaron en favor de su levantamiento y sólo tres en contra del mismo: EE.UU., Israel y las Islas Marshall. Como en cada uno de los últimos once años, el representante estadounidense declaró que su gobierno desoiría dicha conminación.

George W. Bush ha reforzado aún más el dispositivo anticubano hasta el punto de que varios de los miembros de origen cubano de su gabinete son dirigentes reconocidos de organizaciones contrarrevolucionarias de extrema derecha, como Otto Reich, su consejero en asuntos iberoamericanos.

La estrategia entera de los EE.UU. se reduce a la búsqueda de una condena de la isla por "violación de los derechos humanos" con que justificar su negativa a levantar el bloqueo. En la 58ª Sesión de la Comisión de los Derechos Humanos en abril del 2002, una resolución dictada por Washington "invitaba" a Cuba a "realizar progresos en el campo de los derechos humanos civiles y políticos"... "sin desconocer los esfuerzos realizados en el de los derechos sociales". La sumisión de los delegados iberoamericanos ante la presión de los EE.UU. fue casi absoluta: sin ningún tipo de vergüenza, la aprobaron todos excepto Venezuela, que votó en contra, y Brasil y Ecuador que se abstuvieron. Las manifestaciones populares de apoyo a Cuba (Méjico, Buenos Aires, Santiago de Chile,...) fueron simplemente ignoradas. El representante cubano preguntó si el modelo que se le proponía era el de cierto país del Norte, donde cierto individuo acababa de ser elegido presidente tras un pucherazo escandaloso o el de cierto país del Sur, donde la población, empujada a la desesperación por el caos causado por el FMI, asaltaba los camiones y los supermercados para poder alimentarse.

La de la presunta "violación de los derechos humanos en Cuba" es el arma ideológica más perniciosa que han usado los EE.UU. contra la isla. Conviene interrogarse sobre lo que podría esconder un país que se creó gracias a un genocidio reciente, donde la segregación racial, secuela del más vasto sistema esclavista jamás conocido, perduró hasta fechas muy tardías, que muestra unas desigualdades abismales y una violencia social patológica, que ha apoyado las dictaduras iberoamericanas más sanguinarias -imponiéndolas a veces para liquidar desarrollos auténticamente progresistas-, que no reconoce la Corte Internacional de Justicia por temor a que alguno de sus antiguos dirigentes tenga que rendir cuentas ante él por crímenes contra la humanidad y que mantiene por la fuerza de las armas su hegemonía y un sistema mundial inicuo, al acusar de violación de los derechos humanos al gobierno de un país donde ningún niño muere de hambre ni tiene que trabajar, donde el colegio y las medicinas son gratuitas, donde las discriminaciones han disminuido más que en el Norte, donde, a pesar de la crisis, todos pueden adquirir alimentos a precios módicos, donde la gente goza de amplios derechos sociales y participa efectivamente en la construcción economico-social de su propio proyecto de sociedad, donde la seguridad está garantizada, la violencia es minínima y no hay ni desaparecidos, ni muertos, ni torturas, etc.

Una de las razones tiene que ver con el conflicto que opone a ambos países y que, antes incluso que con la antigua confrontación entre el Este y el Oeste, está relacionado con la naturaleza misma de sus relaciones bilaterales. Puesto que no puede ser sino esto último lo que explique su perduración tras la desaparición de la URSS: basta comparar el trato tan distinto que los EE.UU. dan a Cuba con el que conceden a otros países comunistas, como China. Los derechos humanos nunca han sido elementos centrales en la estrategia exterior de los EE.UU. ni obstáculo (salvo por motivos de puro cálculo) para que se les concediese ayuda financiera o militar a sus muchas dictaduras aliadas.

La retórica de la geometría variable de los derechos humanos está dirigida contra Cuba porque su Revolución es una "pesadilla", no tanto para los cubanos, que la hacen desde hace 40 años, sino para el establishment reaccionario estadounidense. Cuba, anticapitalista, antiimperialista y antirracista, defiende la emancipación social, la liberación nacional y el mestizaje igualitario, es decir, justo lo contrario que el régimen neoliberal y belicista que los EE.UU. imponen al mundo.

Junio de 2003

i- Investigador del CNRS, Universidad de París I, Panteón-Sorbona.
ii- La razón por la que François Hollande describió el bloqueo como una "excusa" con que disimular la "pesadilla del régimen castrista" (Le Nouvel Observateur, 05/03/03) es porque el secretario general del Partido Socialista no comprende que frente a un peligro real, la gente puede unirse y resistir.
Es precisamente su abandono de los "ideales de la izquierda" lo que le obligó, a él y al 82% de los franceses, a llevar a la presidencia a un gaullista que, de paso, le enseñó, por más que brevemente, a aguantar el trapo frente a los EE.UU

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