POLÉMICA INTERNACIONAL POR REPRESIÓN AL TERRORISMO

Cuba fusiló a tres terroristas y condenó a otros a severas penas

(Corriente Roja de Izquierda Unida, Estado Espanol)

          El viernes pasado los tribunales de La Habana condenaron a muerte a los tres cabecillas más violentos del grupo que había secuestrado una lancha con pasajeros y amenazado con tirarlos al mar. Los demás fueron condenados a penas de prisión, todo ello en aplicación de leyes de un estado que se precia de su independencia a 90 millas de La Florida. Estas decisiones motivaron una campaña propagandística de las autoridades estadounidenses, usando de portavoces a los exiliados anticastristas de Miami. La discusión sobre si el gobierno cubano había actuado bien o mal se hizo internacional e incluso figuras de izquierda como el Nobel José Saramago criticaron esas medidas y escribieron “hasta aquí he llegado”.

LOS HECHOS

          Los críticos de Fidel Castro atronaron en todos los medios de comunicación condenando la aplicación de la pena de muerte contra tres secuestradores de un trasbordador que llevaba pasajeros en la Bahía de La Habana. Esos críticos detienen su lupa en ese punto, excluyente: hubo tres fusilamientos en el amanecer del 11 de abril último. Pero antes de emitir un juicio es necesario ver el conjunto de los hechos.

La pena capital fue aplicada contra Lorenzo Copello Castillo, Bárbaro Sevilla García y Jorge Martínez Isaac, a quienes el comunicado cubano calificó como “los tres principales, más activos y brutales jefes de los secuestradores”.

Los otros ocho integrantes de ese grupo que cometió delitos contra la seguridad del Estado fueron condenados a penas severas, salvo las tres mujeres, a las que se dictó leves condenas de entre 2 y 5 años de cárcel.

La acusación a estas personas, probada en la Sala de los Delitos Seguridad del Estado del Tribunal Popular de La Habana, fue muy grave. Habían secuestrado, armados con pistolas y cuchillos, el transporte de pasajeros “Baragüa” que recorría la bahía, con extrema violencia y amenazas de muerte a los tripulantes y viajeros del mismo. Los secuestradores hicieron correr gravísimos riesgos a la vida los rehenes ya que la embarcación –apta sólo para surcar aguas interiores- casi se va al fondo del mar, a 30 millas de la costa, cuando se quedó sin combustible y a la deriva en un mar bravo.

Las condenas a muerte fueron apelados ante el Tribunal Supremo Popular y luego ante el Consejo de Estado, siguiendo los procedimientos judiciales habituales para estos casos. En ambas instancias fueron ratificadas, por lo que se cumplieron el viernes 11 del corriente, e informadas al país y el mundo a media mañana con un comunicado.

LA ESCALADA

          El Consejo de Estado, al rechazar la apelación de los tres reos, dio una explicación política de lo que estaba ocurriendo. Amén de ratificar la gravedad de los hechos de terrorismo, agregó que los secuestradores habían puesto en peligro “la seguridad del país, sometido a un plan siniestro de provocaciones fraguado por los sectores más extremistas del gobierno de Estados Unidos y sus aliados de la mafia terrorista de Miami con el único propósito de crear condiciones y pretextos para agredir a nuestra Patria”.

          Según esta interpretación, no se estaba ante un hecho aislado de terrorismo. ¿Era así?.

          La “Baragüa” fue asaltada el 2 de abril. En los días previos se habían secuestrado dos aviones, un DC-3 y un AN-24, y llevados a EE.UU. El segundo fue a parar a Cayo Hueso (EE.UU.) en medio de amenazas de hacer estallar granadas en su interior y los piratas aéresos fueron puestos en libertad por la justicia estadounidense. El 29 de marzo, o sea cuatro días antes del incidente de la Bahía, varios miles de anticastristas hicieron un acto en Little Habana, en Miami. Allí reclamaron a la administración Bush que luego de la “liberación” de Bagdad siguiera la de Cuba. 

          En esa tribuna, la legisladora republicana de origen cubano, Ileana Ros-Lehtinen, acompañada de sus colegas del mismo “palo” Lincoln Díaz-Balart y Mario Díaz-Balart, proclamó la fórmula de la invasión. “Libertad, libertad, libertad, es el mismo mensaje para el pueblo oprimido de Irak y para el pueblo oprimido de Cuba”, gritó la exaltada ex secuestradora del niño cubano Elián González. “Irak ahora, Cuba después”, se leía en las pancartas exhibidas al pie del monumento en Miami a los invasores de Bahía Cochinos de abril de 1961.

          La gritería pro-invasión de la isla socialista, huelga decirlo, se profería en plena campaña anglo-estadounidense contra Irak. La técnica de los “gusanos” liderados por la Fundación Nacional Cubano-Americana no era para nada creativa. Se copiaban del premier israelí Ariel Sharon, quien aprovechó la guerra contra Bagdad para endurecer su política contra los palestinos en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania.

Los anticastristas quieren que la fuerza de tareas del general Thomas Franks, de vuelta a casa, ocupe La Habana y les permita volver a sus haciendas como dueños del país. No les importa que en esa hipótesis de recolonización ellos serían meros títeres como Ahmed Chalabi, el iraquí que los yanquis manipularon en Nasiriyah, luego de traerlo de un exilio en Londres desde 1958.

La realidad indicó que no se trataba de un secuestro de una lancha sino de una escalada y una campaña diseñada desde EE.UU.

 LOS DUROS

          Seis meses atrás, míster James Cason arribaba a La Habana como nuevo “embajador” norteamericano. Las comillas obedecen a que no se trata exactamente de una embajada sino de una delegación de menor rango, llamada “Sección de Intereses”.

          Desde su desembarco, el representante se dedicó a atacar públicamente al gobierno local y a participar en las actividades de los grupos contrarrevolucionarios internos, los llamados “disidentes”.

          Por ejemplo, el 24 de febrero Cason acudió a una reunión de esos círculos en la casa de Marta Beatriz Roque, una de los cuatro contactos de mayor nivel con la Sección de Intereses que por eso mismo estuvieron detenidos varios años. Cason fue el único diplomático extranjero que fue a esa cita e hizo declaraciones de apoyo expreso a esos círculos opositores. Textualmente manifestó a las cámaras de TV: “queremos que (los “disidentes”) sepan que no están solos, que el mundo entero los apoya, nosotros como país apoyamos la democracia, las personas que luchan por tener una vida mejor y tener justicia”. Se supone que los representantes diplomáticos de un país no pueden tener injerencia en los asuntos internos del otro donde desempeñan sus tareas. Pero ya se conoce el poco apego que el Departamento de Estado tiene por esas normas cuando de la mayor de las Antillas se trata.

          El 6 de marzo, al ser reelecto para un nuevo período de 5 años como presidente, Fidel Castro declaró que las actitudes de Cason eran “una provocación desvergonzada y desafiante”.

          Ocho días después, en una nueva escalada de su política intervencionista, Cason prestó su sede diplomática para que el periodismo “disidente” realizara un Taller Nacional de Etica Periodística.

          Fue la gota que colmó el vaso de la paciencia cubana, que ya tenía suficientes datos sobre el financiamiento en dólares que Cason venía entregando a los reunidos en su sede (sobre un grupo de 34 “periodistas independientes”, la cancillería de Felipe Pérez Roque sostuvo que sólo 4 eran hombres de prensa).

          El contragolpe de las autoridades de la isla fue demoledor: esas 34 personas más otras personas a sueldo de Cason, hasta completar un total de 75, fueron sometidas a procesos. Se las acusó de violar la Ley de Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba, aprobada en 1999 por la Asamblea Nacional del Poder Popular (Congreso cubano).

          Esa normativa se originó en el deseo de la abrumadora mayoría de los once millones de cubanos de preservar la educación, la salud y el modelo político que supieron conseguir. En 1999 debían protegerse de un recrudecido bloqueo con la ley Helms-Burton, los atentados terroristas a hoteles y el accionar de la quinta columna interna, o sea los “disidentes”.

          Por cierto, las detenciones de esas personas motivaron una campaña propagandística de Washington y los voceros más extremistas del exilio de La Florida. Pero no pudieron desacreditar ninguna de las pruebas sobre el financiamiento norteamericano de esos círculos, puestas sobre el tapete por el canciller cubano en su conferencia del 9 de abril con la prensa nacional y extranjera.

¿QUIÉNES SON LOS TERRORISTAS?

          Recapitulando, entre 1992 cuando se promulga la ley Helms Burton y 1999, cuando se la hace más estricta, la nación cubana fue objeto no sólo de un bloqueo estadounidense sino también de una campaña política y actos de terrorismo que tenían por fin terminar con la revolución de 1959.

          Entre 1996 y 1997 hubo atentados terroristas contra los hoteles de Cuba, donde murió el empresario italiano Fabio di Celmo residente en Montreal. Los autores fueron mercenarios salvadoreños, que confesaron haber recibido los explosivos y el dinero de manos de la Fundación Nacional Cubano-Americana del extinto Jorge Mas Canosa.

          También hubo bombas que estallaron en la iglesia de la Merced, a fines de diciembre de 1997, a escasos días de la llegada de Juan Pablo II a la isla. Si los atentados en los hoteles buscaron sin éxito segar la fuente de divisas del turismo (más de 1.500 millones de dólares al año), la deflagración en la iglesia quiso torpedear la histórica visita del papa polaco.

          La respuesta dura del gobierno de Castro, que condenó a muerte a dos terroristas de 1997 (y a otro que había desembarcado en 1994 y asesinado a      un pescador), frenó en seco esa ofensiva inspirada desde La Florida y Washington. La defensa se perfeccionó en 1999 con la mencionada Ley de Protección de la Independencia Nacional, que tipificó como delitos el accionar de quienes justificaran el bloqueo y parpticiparan de las campañas de EE.UU. contra la Patria de José Martí.

          En ese momento la ofensiva amainó. Muchos lobbistas norteamericanos, evaluando la ley Helms Burton como inconveniente para sus negocios en el Caribe y viendo la inutilidad del bloqueo para voltear a Castro, empezaron a buscar contratos en Cuba o ventas para sus compañías. En abril de 1998, el jefe del Comando Sur del ejército norteamericano, general Charles Wilhem, expresó al senado de su país que “yo no considero que las Fuerzas Armadas de Cuba sean una amenaza para EE.UU.”.

          Pero con el inicio de la “guerra antiterrorista” el 8 de octubre de 2001 por parte de George W. Bush, la superpotencia cambió de planes hacia la isla. La incluyó entre los países que propician el terrorismo, recrudeció su bloqueo y sanciones, la sentó en el banquillo de los acusados en la Comisión de Derechos Humanos de Ginegra, la acusó de tener armas biológicas, etc. El gobernador de La Florida, Jeff Bush, hermano del presidente, propuso “terminar con el régimen cubano”, lo mismo que el embajador norteamericano en República Dominicana. Esto encendió la luz roja en el tablero del Palacio de la Revolución.

          Incluso gente que está en contra de la pena de muerte con fundamentos morales y que ha cuestionado los tres fusilamientos últimos, ha entendido que éstos tenían apoyatura en las leyes de la isla. Además, que había razones políticas para dar una respuesta a la Casa Blanca. Uno de ellos, Heinz Dieterich Steffan, escribió: “si la invasión a Irak era un claro "mensaje para Cuba", como dice Washington, Fidel le envió un mensaje no menos claro a los neofascistas en la Casa Blanca y en La Florida: Ustedes han declarado la guerra y los primeros de sus soldados han caído. Si siguen la guerra de agresión, sus tropas de intervención pagarán un alto precio en vidas humanas. Párenla, antes de que sea demasiado tarde”.

EMILIO MARÍN

 

DECLARACIÓN DE CORRIENTE ROJA SOBRE CUBA (ESTADO ESPANOL)

En los últimos meses , a raíz de las sentencias adoptadas por la justicia cubana, se han venido sucediendo condenas hacia la isla por parte de un variopinto grupo de personajes y organizaciones,

En medio del clima creado por la extrema derecha, tanto intelectuales como artistas,  falsos ?progres? y liberales de izquierda, se sintieron absurdamente acorralados ante el argumento de condenar los acontecimientos en Cuba como lo hicieran contra la invasión de Iraq. De esta manera se tejió una incomprensible pero muy publicitaria simetría entre ambas cuestiones. La embustera campaña mediática quedó servida y continúa hoy.

Primero dijeron que eran bibliotecarios y libreros, después que periodistas. Finalmente sabemos que son, como les definió en seguida el sociólogo norteamericano J. Petras, simples funcionarios del gobierno norteamericano, del que cobraban cuantiosos sueldos por ?disentir? a través de la Oficina de Intereses de EE.UU. en La Habana. La oposición política y la disidencia no se deben confundir con actividades de conspiración a sueldo a favor de una potencia extranjera, delito de espionaje y traición tipificado también en nuestro código penal, que casualmente lo castiga con penas de hasta  veinte años de cárcel. Tres terroristas de amplio historial en el que se incluye un proceso por el asesinato de un obrero de la construcción, y setenta y cinco agentes al servicio de EE.UU. fueron juzgados y condenados alas penas previstas en el código penal cubano contando en todo momento con todas las garantías procesales.

Ante estos acontecimientos y frente a conductas políticamente acomodaticias del lado del poderoso, que remos y debemos aclarar que:

1.- Corriente Roja está en contra de la pena de muerte.

2.- El gobierno cubano tiene derecho a defenderse de las agresiones exteriores.

3.- Condenamos globalmente la política exterior estadounidense que pretende convertir a los pueblos del mundo en sucursales sometidas la las multinacionales, y de hecho, convierte a Cuba en el primer receptor de terrorismo del planeta.

4.- Denunciamos la indigna campaña que con fines estrictamente contrarrevolucionarios manipula un tema tan  grave como la pena de muerte.

5.- Exigimos la puesta en libertad de los cinco presos cubanos en EE.UU., que por realizar actividades antiterroristas contra la mafia de Miami se ven encarcelados en condiciones de tortura y aislamiento tras un proceso judicial fraudulento.

6.- Exigimos el fin de las actividades terroristas y desestabilizadoras estadounidenses contra toda América ( Colombia, Venezuela, ..etc) y en particular del fin del bloqueo a Cuba.

Cuba es mucho más que celebraciones e iconos cuando vienen maduras. Es, ante todo, un país levantado por los que han pasado de ser oprimidos y humillados a dueños de sus decisiones aún bajo la permanente asfixia imperial.

Desde corriente Roja queremos hacer un llamamiento a todas las personas de buena voluntad, para que la legítima posición contra la pena de muerte ? que compartimos ? no se ponga ni un minuto al servicio de quienes en Miami protagonizaron la única manifestación a favor de la invasión de Iraq bajo el lema ?Iraq ahora, Cuba mañana?. Los mismos que pedían en la Puerta del Sol una intervención en Cuba ?para evitar futuras guerras?.

No queremos velar la caída nocturna de las bombas inteligentes sobre La Habana. No queremos discutir, ante las fotos de los escombros, si las condenas y críticas fueron o no ajustadas según la regla primermundista de algunas sesudas y frías conciencias.

Con los pueblos que luchan por la justicia social, la emancipación y la independencia frente al imperialismo, los y las militantes de Corriente Roja estamos y estaremos inequívocamente al lado del heroico pueblo cubano y de los que sueñan y luchan gracias, en buena medida, a su ejemplo.

Llamamos al conjunto de la organización de IU, al movimiento obrero y a los movimientos sociales a estar alerta y a preparar las más grandes movilizaciones ante la previsible escalada de agresiones contra Cuba.

ANTE EL DOCUMENTO APARECIDO EN ?EL PAÍS? EL DÍA 7 DE JUNIO, CORRIENTE ROJA REPRUEBA LA DECISIÓN DEL COORDINADOR GENERAL DE IU DE FIRMAR ESTE TEXTO INDIGNO QUE NI SIQUIERA MENCIONA EL BRUTAL BLOQUEO DE EE.UU. HACIA CUBA, QUE SUPONE UN CANALLESCO AVAL A LAS AGRESIONES IMPERIALISTAS Y QUE ES RADICALMENTE CONTRARIO AL SENTIR MAYORITARIO DE LA ORGANIZACIÓN.

8 de junio de 2003

www.corrienteroja.org

Share this page with a friend

 

International Action Center
39 West 14th Street, Room 206
New York, NY 10011
email: iacenter@action-mail.org
En Espanol: iac-cai@action-mail.org
web: http://www.iacenter.org
CHECK OUT SITE    http://www.mumia2000.org
phone: 212 633-6646
fax:   212 633-2889
To make a tax-deductible donation,
go to   http://www.peoplesrightsfund.org

 

 

The International Action Center
Home      ActionAlerts     Press
Support the International Action Center