UNA DERROTA SIN FECHA AGUARDA A EEUU EN IRAQ

Por Miguel Urbano Rodrigues

Más de siete años duró la guerra de Argelia. Políticamente Francia empezó a perderla cuando en el Aurès tuvo inicio la insurrección, en noviembre de 1954. Sin embargo, en París no se presintió entonces el desarrollo de la historia. Argelia había sido conquistada en 1830, y de sus nueve millones de habitantes casi un millón era de origen europeo.

Solamente tres semanas duró la guerra en Iraq. Los EEUU empezaron a perderla políticamente el día en que sus primeros misiles y bombas explotaron en Bagdad.

En Washington los estrategas del sistema de poder todavía no han tomado conciencia de esa realidad. Los generales que comandaron la agresión al pueblo iraqui y el procónsul nombrado para gobernar el país tampoco han percibido el desenlace que aguarda al proyecto imperial: la derrota. Los políticos y generales estadounidenses de la actualidad son menos instruídos e inteligentes que sus colegas franceses del final de los años 50. Comparado con De Gaulle, George Bush hijo exhibe la capacidad mental de un orangután de Borneo. El gigantesco poder militar de los EEUU no anula esa evidencia.

Quizá fuera útil al equipo de la Casa Blanca, de Rumsfeld a Colin Powell, leer un libro hoy olvidado: «La guerra de Argelia», la monumental trilogía de 1800 páginas elaborada por cuatro prestigiosos intelectuales franceses bajo la dirección de Henri Alleg, autor del fascinante ensayo introductorio (1).

Del estudio de esa obra podrían extraer enseñanzas para la comprensión de la historia. Tambiém sacarían provecho de la lectura los generales que comandan las tropas de ocupación en las ciudades de la vieja Mesopotamia. Todos sabemos que el mundo ha dado muchas vueltas en el último medio siglo, y que Iraq no es Argelia (2).

El juego de las analogías es siempre peligroso. Pero determinadas lecciones históricas conservan validez permanente. Los años no las desactualizan. Iraq, como Argelia, es una sociedad multinacional cuyos pueblos y etnias han preservado su especificidad cultural a lo largo de decenas de siglos. De la presencia romana -menos amplia y más breve en Iraq- solamente han sobrevivido en ambos vestigios materiales. La cultura romana no dejó prácticamente marcas en la memoria de las respectivas poblaciones y sus formas de comportamiento.

El denominador común en Iraq y Argelia es la herencia del Islam, contemplado como fenómeno cultural diferenciado de cualquier otro. A pesar de formas dialectales muy variadas, el árabe es, en la convivencia con otros idiomas, la lengua oficial de iraquíes y argelinos. En Iraq, el árabe( y la cultura que lo acompañó )  sobrevivió, resistiendo, a la dominación de imperios tan poderosos como lo fueron el mongol, el persa y el otomano. En Argelia, la presencia turca pasó como las olas sobre la arena de una playa. Y en cuanto al sueño asimilidor de Francia, tuvo un despertar de pesadilla. La conmovedora trilogía de Henri Alleg encamina al lector hacia una reflexión dolorosa y estimulante al propio tiempo. Confrontándolo con la historia profunda, ilumina con luz fuerte la epopeya de un pueblo, el argelino, que hizo posible lo que en aparencia era imposible: la conquista de la independencia.

Casi un millón de argelinos murió en la lucha desigual contra un ejército de ocupación que llegó a ser de medio millón de hombres. La devastación de bienes materiales paralela al genocidio fue colosal. Pero las bombas han sido al fin y al cabo impotentes ante las superestructuras culturales. Estas han sobrevivido, fortaleciendo un indomable espíritu de resistencia, el hambre colectiva de libertad que garantizó la victoria, conduciendo a la nación argelina a la independencia.

 Si Argélia esperó casi 125 años para tomar conciencia de su fuerza y sacudir victoriosamente el yugo colonial francés eso resultó de las circunstancias de la conquista .Esta se consumó en una época en que el capitalismo estava en plena expansión y Argélia y otros paises conquistados no tenian todavia una conciencia clara de su identidad ni de la lucha a desarrollar para la independencia .Hoy es diferente . El imperialismo, pese a su arrogancia y a su enorme capacidad para sembrar la muerte y la corrupción, está minado por terribles crisis que, inevitablemente, temprano o tarde, explotarán a cielo abierto.

En Iraq, después de las destrucciones provocadas por armas inteligentes y convencionales, la lucha por la liberación nacional apenas está empezando. Pero el mismo primarismo de los ocupantes funciona como estímulo. El crimen de cultoricidio consumado con el saqueo del Museo de Arqueología y los disparos casi diarios de las tropas de ocupación contra muchedumbres desarmadas actúan sobre la conciencia popular como ejemplos de lo que se puede esperar de la pax americana.

La gigantesca protesta de los peregrinos de Kerbala y las ininterrumpidas manifestaciones contra la presencia militar estadounidense anticipan la subida de la marea de la resistencia popular. Desde hace meses la propaganda norteamericana ha estado sosteniendo que sus soldados serían recibidos como libertadores por la mayoría chiíta. La ilusión ha sido desmentida por los hechos. La comunidad chiíta (65% de la población) está demostrando una combatividad creciente, exigiendo la salida del ejército de ocupación. Los discursos del general Jay Garner, el procónsul con poderes discriccionarios, provocan efectos de opereta cuando el hace la apología de una democracia iraquí modelo USA, impuesta por los fusiles.

Contra lo que Washington esperaba, los iraquíes que arribaron junto al equipaje de sus fuerzas armadas inspiran desprecio al pueblo. Ahmad Chalabi habla como aquellos traidores que en la Europa ocupada por los nazis alemanes les mendigaban favores; trae a la memoria los caids y bachagas que en Argelia actuaban como lacayos de los franceses.

Las dos primeras reuniones con «notables», convocadas para discutir la formación de un gobierno iraquí (bajo tutela de los EEUU) fracasaron. Nadie allí se entendió, pese a que casi todos los presentes eran gente teóricamente sumisa. Una tercera reunión está prevista para fines de mayo. El representante personal del presidente Bush, un aventurero llamado Zalmay Khalilzad, no ha logrado disfrazar su pesimismo. Ha utilizado la expresión «autoridad interina» para designar al ejecutivo marioneta en preparación, al que antes llamaba «gobierno».

En Iraq los acontecimientos de Afganistán son seguidos con suma atención. Transcurridos 18 meses, las tropas norteamericanas (y las de sus aliados) solamente controlan las principales ciudades y los grandes ejes viales. Incluso en la carretera que conecta Kabul con Kandahar y en la la vía estratégica del Norte --que siguiendo hasta Hairaton, en el Amudaria, atraviesa la cordillera del Hindu Kush--, solamente se puede viajar bajo protección de escoltas bien armadas, y los convoys de abastecimiento son allí asaltados con frecuencia. En muchas provincias las bases norteamericanas son blanco de misiles disparados de las montañas. En Iraq no es improbable que a la fase de protestas masivas le siga la de la lucha armada organizada. Masacres como las de Fallujah, el 28 y 30 de abril (18 muertos y más de 70 heridos) han contribuido a madurar la zafra de odio al invasor.

La soldadesca estadounidense se porta como una horda de bárbaros. El temor de los hombres-bomba descontrola la tropa; la protesta más sencilla puede provocar una matanza.

En las calles el pueblo está ofreciendo pruebas de gran coraje, de un espíritu combativo que los estrategas del Pentágono no habían previsto. Es significativo que en Washington se admita ya que 125 000 hombres permanecerán en el país por el tiempo mínimo de un año. Nunca se vió «liberación» tan agresiva respecto al pueblo «liberado». El tremendo poder destructivo de las nuevas armas es impotente ante la voluntad del pueblo. Lo que se esboza en el horizonte es una prolongada guerra colonial de nuevo tipo.

OBJETIVO DE LOS EEUU: DESMOVILIZAR LOS PUEBLOS

En Washington los especialistas de la guerra mediática cuentan con la desmovilización de la solidaridad, es decir de los pueblos. La abrumadora mayoría de la humanidad ha condenado la guerra. Esa actitud encontró expresión de masas en las grandiosas manifestaciones que, en febrero, marzo y abril reprobaron la agresión a Iraq en decenas de grandes ciudades. El repudio a la guerra imperial norteamericana, concebida con objetivos económicos y políticos transparentes, se mantiene. Pero, seamos realistas, una vez ocupado Iraq, la corriente de la solidaridad no tiene la misma intensidad. Era casi inevitable que eso pasara. Múltiples son los factores que han contribuido al reflujo. En primer lugar la campaña mediática. Los grandes media presentan la ocupación de Iraq como un hecho consumado,irreversible, que no debe suscitar emociones. Los temas más tratados por el momento son el destino del petróleo, el eventual «castigo» de Francia, los negocios de la «reconstrucción», la prisión de los dirigentes cuyos nombres figuran en la famosa lista de los 55, y la vida privada de Saddam Hussein. Todo muy al gusto del norteamericano común. Cuando hay masacres de civiles, los comunicados informan siempre que las tropas han actuado en «legítima defensa».

Otro factor que desmoviliza es la rapidez de la marcha atrás de los gobiernos de la Unión Europea que se opusieron a la guerra. La posición de Francia y Alemania en la Cumbre de Atenas -como ya subrayé en artículo anterior- reflejó su sumisión, en lo fundamental, a las exigencias de Washington. De repente, Chirac y Schroeder pasaron a mirar como natural lo que hace unas semanas denunciaban como absolutamente inaceptable. En la capital griega, Kofi Annan se ha portado como defensor de la capitulación total. Tony Blair adopta un tono protector al dirigirse a colegas que no supieron entender los fines éticos de la cruzada libertadora... La reunión a cuatro -Francia, Alemania, Bélgica y Luxemburgo, en la última semana de abril- generó algunas ilusiones en la medida en que el intercambio de ideas sobre la estructuración de fuerzas armadas europeas autónomas de la OTAN fue muy comentado por la prensa. Pero hoy Chirac no responde siquiera a la pretensión de Washington de decidir unilateralmente el futuro de Iraq. Su lenguaje ha cambiado; ya no habla de «tropas de ocupación», que ahora se han transformado en «fuerzas de la coalición», una coalición que ,él sabe, es invención de la propaganda. Los negocios billonarios en perspectiva a costa de un país ocupado, saqueado y humillado ocupan desde luego mucho más espacio en las páginas dedicadas a temas iraquíes que los crímenes que los invasores siguen cometiendo. La campaña contra Cuba ayuda mucho a olvidar lo que ocurre en Bagdad. Súbitamente los juicios de los 75 mercenarios y el fusilamiento de tres secuestradores de la lancha Baraguá suscitan más atención y protestas que las declaraciones oficiales norteamericanas (incluyendo la del hermano del presidente Bush amenazando a la Isla con la suerte de Iraq). Hasta un periódico como L'Humanité, de Paris,en tiempos comunista y revolucionario, participa de tan indecorosas actitudes.

En la Casa Blanca, Bush, incapaz de entender el movimiento de la vida en un planeta que quisiera gobernar como si fuese su rancho de Texas, concluye que todo va de lo mejor. De contento entró en un estado de casi levitación. Se siente tan eufórico que ha cometido la imprudencia de hacer confidencias a la cadena televisiva NBC sobre decisiones que afirma haber tomado cuando los misiles explotaban ya en Iraq, decisiones sabias que habrían cambiado el rumbo de la guerra. Se contempla transmutado en Julio César antes de atacar Alesia, o en Napoléon en la víspera de la batalla de Austerlitz. No será sin embargo el optimismo de los ígnaros lo que impedirá la subida de la marea de la resistencia en la tierra de Iraq, hoy pisada por las botas estadounidenses. Las novedades que llegan de allí, pese al dramatismo de la situación, son animadoras para cuantos se esfuerzan para mantener viva la solidaridad con un pueblo agredido y recolonizado por un sistema de poder imperial en el ámbito de un proyecto neonazi de dominación planetaria. Ellas fortalecen la esperanza, porque los pueblos del Iraq multiétnico no aceptan que su patria milenaria sea tratada como mercancía. Resistiendo al invasor ofrecen un ejemplo de dignidad y coraje que a la vez hará levantar nuevamente la ola de solidaridad que corrió por el mundo, espontánea, antes y durante la guerra.

La resistencia de los pueblos en situaciones similares se inserta en un proceso molecular. No tiene calendario. Al comienzo regreso. Más de siete años, repito, duró la guerra de Argelia. Bush & Cia Ltda. se engañan. En Iraq la guerra no ha terminado; apenas ha empezado.

De ahora en adelante será una guerra muy diferente de las que figuran en los manuales de los generales del Pentágono sobre los conflitos bélicos en la era de las armas inteligentes. Tal como ocurrió en Argelia, la fuerza mayor del pueblo,que en ella será el sujeto y de la cual saldrá vencedor, no es la resultante de armas modernas (a las que no tiene acceso). Es la fuerza que sube de la memoria del tiempo, de las raíces de una gran cultura, la fuerza que empuja los pueblos a las grandes epopeyas en la lucha por la libertad- una fuerza que los hace invencibles en la larga duración de la história. Los EEU ya empezaron a perder esa guerra. Y Iraq va a salir de ella libre, con la independencia recuperada.

La Habana, 2 de mayo de 2003

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1) Henri Alleg, Jacques de Bonis, Henri Douzon, Jean Freire, Pierre Haudiquet, y colaboración de Gilberte Alleg, La Guerre d'Algérie, Ed. Les Temps Actuels, París, 1981.

(2) En Argelia la presencia de un millón de franceses como dueños del país estimulaba la lucha por la independencia, pero simultáneamente la hacía más difícil.

El original portugués de este artículo se encuentra en http://resistir.info

Traducción de Marla Muñoz

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